Me quedé sola toda la noche, mi hermano se había ido con unos amigos a Sevilla. Mis padres en la playa.
Y lloré. Lloré infinitamente, no por lo que había pasado sino por lo que he decidido.
Me lié un cigarrillo, bueno, más bien quince. A pesar de que lo he dejado.
Saqué todos los pinceles, un lienzo, miles de cuadernos, hojas, botes de tinta china...
y estuve toda la noche con miles de ideas, de cosas que no paraban de dar vueltas a la cabeza y de gritar y de miedo y de todo
es una sensación horrible, nunca la había tenido y espero no tenerla nunca más, es como un mogollón de adrenalina y dosmilmillones de hormigas recorriendote a la vez, todo eso mezclado con casi doce horas con las sensación de estar al borde de un precipicio.
Y pinté.
Me he pasado la noche pintando y fumando, con el maestro fito, thirteen senses, extremo, marea y dos o tres más cantándome solo a mí a toda mecha y miles de cosas por todo el suelo.
Y todavía no lo he sacado todo.